Una cosa son las ruedas de prensa. Otra, el césped. Eso Ronald Koeman parece tenerlo muy claro. En los últimos días, el técnico del Barça negó hasta en dos ocasiones que se estuviera planteando un cambio de sistema. Tras la humillación ante la Juventus, de hecho, fue muy contundente al defender su 4-2-3-1. «Con los jugadores que tenemos, es el mejor que podemos aplicar», esgrimió. «Somos el equipo que más oportunidades ha creado en la Liga y eso es también gracias al sistema», recalcó el sábado. A la hora de la verdad, en cambio, sí optó por modificarlo.

Para atacar, por lo menos durante gran parte del partido, recurrió al 4-3-3 al que tanto se han acostumbrado los barcelonistas desde que Frank Rijkaard tomó las riendas del equipo hace ya más de 17 años. De hecho, el compatriota del actual técnico ya renunció al mismo 4-2-3-1 que ha tratado de aplicar Koeman al ver que las cosas no salían todo lo bien que esperaba en sus primeros meses. Incluso, se especuló con la opción de que Luis Felipe Scolari, buen amigo del entonces vicepresidente deportivo de Joan Laporta, Sandro Rosell, le tomara el relevo. El equipo mejoró. Mucho. Tanto, que incluso fue capaz de acabar segundo en una Liga que acabaría en las vitrinas del Valencia.

Tras perder ante el Cádiz, Koeman era pesimista. Ahora, en cambio, ve las cosas de manera diferente. «Si mejoramos, estamos más convencidos de nosotros mismos y tenemos más confianza, creo que aún hay mucha Liga», aseveró en Movistar LaLiga. En su manual, lo más importante es sumar triunfos. Por encima, incluso, de esa seña de identidad azulgrana que habla de defenderse con el balón. «Con un 1-0, con resultado tan corto, creo que hay que defender. Por eso puse un defensa más. Son cosas que tengo que hacer para ganar un partido. No me importa cómo, pero hay que ganar», resumió.