Hace apenas un mes, con motivo de su 35 cumpleaños, el Red Bull Salzburgo felicitaba a Jonatan Soriano, adornando su nombre -«sin h», dice el propio jugador- con el apelativo de «Leyenda». «El Salzburgo me lo dio todo desde que salí del Barça B. En aquel momento era un club pequeño y desconocido en Europa. Allí encontré la estabilidad que buscaba y, sobre todo, la confianza de los entrenadores», apunta el delantero en conversación telefónica con este periódico. Entre diciembre de 2012 y febrero de 2017, marcó 174 goles y regaló 72 asistencias en 203 partidos, siendo tres veces Pichichi de la liga austriaca. Soriano es un icono en un club impulsado por el poder económico de las bebidas energéticas, que ahora también pasea por la Champions. Esta noche (21.00 horas), sin ir más lejos, lo hará por el Wanda Metropolitano.

En apenas año y medio, tras unos difíciles primeros seis meses, en los que se topó de golpe con la nieve y los campos helados y, también, con un idioma y una cultura igual de crudos, le hicieron capitán. «Me dijeron que entendían que no pudiera dar las ruedas de prensa en alemán, pero que me pusiera las pilas. En menos de dos años, estaba hablando alemán. Me vine arriba y, para dar ejemplo, empiezo a dar ruedas de prensa en alemán. Para nosotros hay muchas palabras parecidas, pero para los alemanes, no. Como scheisse (mierda) y schießen (chutar). En una entrevista, yo iba hablando y cuando tuve que decir meter gol, solté gol de mierda. El traductor no paraba de reírse», recuerda Soriano, hoy a la espera de un equipo tras acabar en verano su aventura en el Girona.