Al Madrid le gusta el mambo, está claro. Lo suyo es vivir la vida saltándose el toque de queda, con un pie en la multa. El sofá y la mantita, para otros. Él, fiestas clandestinas. Anoche se pegó un sofocón importante en casa del Borussia para empatar un 2-0 en el tiempo de descuento, en esas sacudidas únicas de este escudo, tozudo en apartarse la lápida incluso cuando peor aspecto tiene. Casemiro, tras asistencia de cabeza de Ramos, remachó a la portería el segundo gol, parecido al de Karim Benzema un instante antes. Con Eden Hazard y Luka Modric en el campo, los blancos arreglaron el resultado y su viaje en la Champions, aliviado también por las tablas de media tarde entre el Shakhtar y el Inter en Kiev. [Narración y estadísticas (2-2)]

Hasta entonces, el Madrid había recibido un castigo demasiado duro, la medicina que tantas veces en la Champions él recetó a rivales sin uñas, tan bien plantados como mimosos en ataque. Así circuló el equipo de Zinedine Zidane, dominante con el once titular que acabó conquistado el Camp Nou y con las ideas bastante claras. Todas menos las de arañar la red, que al final es de lo que se trata en este negocio del balón. Hasta el gol local, los blancos exhibieron seriedad defensiva, hambre en la presión y variantes arriba, aunque sin demasiada pólvora. Un tiro desde la frontal de Toni Kroos fue lo que ayudó a conocer a Yann Sommer, el portero de los alemanes.

Marco Asensio rompía líneas con potencia, Fede Valverde mordía en la salida del rival y Lucas Vázquez daba más profundidad que Ferland Mendy, al que le apretaban junto a la cal cada vez que recibía. El Borussia aguantaba sin demasiados nervios, más allá de algún agobio de su guardameta para sacar el balón jugado. Le faltaba el gol al Madrid, claro, como tantos días, pero la presentación estaba siendo interesante, de las mejores hasta el momento en la temporada. Nada que ver con aquellos arranques contra el Cádiz y el Shakhtar.