El Sevilla palideció frente al Borussia Dortmund (2-3) en uno de sus peores partidos de la temporada. Los alemanes vencieron a los de Lopetegui, que acusaron los mazazos de Haaland, imperial y decisivo. El gol de De Jong en el 85 iluminó el partido de vuelta.

Ladró el Borussia Dortmund y mordió el Sevilla. En el minuto 6, tras un buen arranque visitante, Suso fintó en el gajo del área. Primero amagó el disparo con la buena, con su izquierda, luego se la acomodó en la derecha y pateó previsible pero con fe. Hummels, muy blando, algo tapado, envenenó la pelota, alojándola en la red de su portero, un desconcertado Hitz. Un despeje suicida. Tocaba trepar. La ensoñación local terminó mudando a pesadilla.

Jadon Sancho, con sus regates, con su agudeza, mantuvo el ánimo prendido en los suyos. Los dientes apenas se les habían clavado en la carne. No se les notó el gol en contra, al revés, les había incendiado las botas. Haaland hacía de pivote, devolviendo cada balón que recibía, bregando con los centrales, dulcificando el ataque de los alemanes. Incómodos los de Lopetegui; livianos, muy tibios, irreconocibles. En el minuto 20, el noruego se descolgó hacia una banda. Recibió la pelota allí, lejana. La domesticó, la cuidó y se la regaló mullida y suave a Dahoud, que merodeaba el área rival. El centrocampista germano-sirio, con espacio, se preparó el disparo con primor culinario, a su amor, colocando el balón imposible para Bono, que voló en balde.